Ey, hola.
¿qué tal?
Bueno si habéis leído alguna de mis entradas, algunos de los que me siguen son amigos, pero la mayoría sabréis bien o al menos un poco, de qué pie cojeo.
Cuando tenía ocho años, vi la película de Entrevista con el Vampiro, y en ese momento caí enamorada de los corsets, terciopelos, la vida inmortal y los hombres de pelo largo.
Supongo que el que mis padres fueran heavys también ayudó a que yo cultivara un poco ese lado oscuro ya desde la cuna.
No en vano, recuerdo las mañanas de verano, sin colegio, en casa con mi madre, con Alaska o Tino Casal a todo volumen.
Recuerdo que el entierro de Freddie Mercury se vivió en mi casa, como si del entierro de un familiar mismo se tratara.
Resumiendo, que aunque las charlas de mis padres fueron muchas, en las que me aconsejaban que por favor no oyera esa música, me olvidara de los chicos de pelo largo y abandonara la senda del mal, nada pudieron hacer por evitarlo.
Con diecisiete años me compré mi primer corset, que aún guardo, en Bilbao.
Ese corset y ese viaje, me costaron un mes sin hablar con mis padres.
Al igual que mi primer piercing.
Pero no solo he sobrevivido a eso, sino a las ondanadas de tíos salidos que sólo ven en ti un reto, una conquista o un bicho raro, que les parece sexy porque lleva corset.
Diez años más tarde, me pregunto cuando pasé de ser una chica, a ser un objeto.
Quieren vendernos que la mujer del siglo XXI es fuerte e independiente y que la sociedad lo entiende.
No vengo a descubriros nada nuevo, pero os diré que mienten.
Y si eres gótica, fetichista y domina...estás jodida.
Esa es la verdad.
Yo no contemplo que existan los temas tabú, esos que en teoría jamás puedes nombrar.
Porque vivimos en una sociedad igualitaria y libre.
MENTIRA.
Entonces ¿por qué no puedo expresar abiertamente que soy fetichista?
¿por qué no puedo decir que me ponen,en mi, los corsets bien apretados y los tacones infinitos?
¿por qué no puedo decir que me ponen, en ellos, los pelos largos, las barbas, los pendientes y los tatuajes?
¿por qué no puedo decir abiertamente que me gustan los juguetes?
¿por qué no puedo expresar abiertamente que me gusta el BDSM antes de que existiera todo ese rollo de las cincuenta sombras de grey?
¿por qué no puedo decir que soy domina y que me pone de mal humor que un hombre intente mangonearme?
Os lo diré alto y claro, porque eso que llaman LIBERTAD no existe.
Porque si reúnes todas esas características, como yo, y además eres gótica, dejarás de ser una mujer del siglo XXI para ser un objeto de un machito de la época NEANDERTAL.
A veces, me pregunto si no sería mejor hacer como siempre dijeron mis padres y dejar los corsets, la música y ser alguien aburrida y en definitiva, normal.
Así me ahorraría las lágrimas, los disgustos y los malos ratos, que de nuevo, una vez más, me tomaron el pelo.
Claro, que también he pensado en crear una especie de juego, en el que torturar a los pobres idiotas que intenten cortejarme, con las mismas estupideces de siempre.
Sí, porque no soy idiota, y al final, tras diez años de que me llamen porro, que digan que soy una pervertida o que les pone cachondos que sea enfermera, he optado por reírme de ellos.
Vale, he tardado diez años, pero mejor tarde que nunca ¿o no?
Así que he ideado una especie de prueba, larga, en la que os aseguro que no la pasara ni un 0'01%.
Obviamente, no os voy a decir qué es, no se cuánto de esos incautos y atrevidos pueden acabar parando por aquí.
Dicen que mis estándares son altos, que exijo demasiado, que así me quedaré sola.
Pues que así sea.
Me he levantado mucho tiempo acompañada y me he sentido más sola, que cuando he estado sola, así que la soledad...ya no me asusta.
Tras tantos años de cabrones, de gilipollas, de salidos, de rock stars sin la estrella y a veces sin el rock, y en definitiva, después de mucho subnormal del mismo género...esto es lo que ha pasado.
Han creado un monstruo.
Y no sólo me pondré corsets y tacones, sino que los corsets serán cada vez más apretados y mis tacones cada vez más altos.
¿Queréis jugar?
Que empiece el juego.
Vais a perder.
Estáis avisados.
La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa. Albert Einstein
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lunes, 5 de noviembre de 2012
martes, 4 de septiembre de 2012
Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes..
Cuando él llegó a casa, el otro día, agotado del trabajo, antes de sentarse a cenar, tomó su mano y dijo, tengo algo que decirte..
Ella se sentó y comió callada, triste.
La observó y vio el dolor en sus ojos y sus lágrimas.
De pronto, no sabía como abrir la boca, pero tenía que decirle lo que estaba pensando: ' quiero el divorcio'..
Ella no parecia estar disgustada con sus palabras y suavemente le preguntó ¿porqué?
Él no respondió, esa noche no hablaron más.
Ella solo lloraba.
Él sabía que ella quería saber que era lo que estaba ocurriendo, pero era un cobarde y no quería confesarla que había perdido su amor porque él, ahora amaba a otra mujer...no sabía como decírselo.
Él ya no amaba a su mujer, ahora sólo le daba lástima.
Con un gran sentido de culpabilidad, él escribió un acuerdo de divorcio, en el que la dejaba la mitad de las posesiones, una pensión para el niño y el coche.
Ella lo leyó y lo rompió en mil pedazos, llorando.
Habían pasado 10 años juntos y de pronto, eran como extraños.
No se conocían.
Él sentía lástima, por todo el tiempo perdido, las ganas y las ilusiones.
Pero ya no podía cambiar nada, él ahora amaba a otra mujer.
De pronto ella empezó a llorar y a gritar para desahogarse.
Esto solo hizo que él tuviera aún más clara la idea del divorcio.
Por esto, era por lo que no la quería.
Al día siguiente, él llegó a casa y no cenó,estaba muy cansado de pasar todo el día con la otra mujer.
Ella escribía en la mesa.
Él no se molestó en mirar qué escribía.
Él se despertó a media noche y vio que ella seguía escribiendo.
Cuando se levantó por la mañana, ella le presentó sus condiciones para el divorcio.
Tendría que actuar durante un mes como si nada hubiera pasado jamás entre ellos, como si todo estuviera bien y él jamás le hubiera planteado un acuerdo de divorcio, cada noche tendría que llevarla en brazos del comedor a la habitación, como el día en el que se casaron y sobre todo, no debería decirle nada a su hijo.
A él le pareció una tremenda broma y así se lo contó a la otra mujer, que histérica de lo absurdo que le parecía le animo a seguir las directrices de la aún, todavía, su mujer.
No tenían ningún tipo de contacto desde que él presentó la intención de divorciarse, así que el primer día ambos se sintieron mal con la situación.
Pero su hijo caminaba detrás aplaudiendo, loco de alegría, viendo como su padre cargaba en brazos a su madre.
Ella le susurró al oído que por favor no le dijera nada al niño sobre lo del divorcio..y aunque se sentía mal..así lo hizo.
El segundo día, ambos estaban más relajados, él había olvidado su perfume, y como le acariciaba el cuello...y lo ligera que era.
El tercer día el descubrió lo que estos diez años de convivencia han hecho en ella, se la veía agotada, cansada, con alguna cana, alguna arruga y sobre todo, muy muy delgada.
Ella empezó a arreglarse para que cada día su marido la llevara en brazos.
Pero los vestidos le estaban muy grandes, se había adelgazado mucho.
De pronto, él dejó de tener interés en ver a la otra mujer, porque recordaba lo que había sentido la primera vez que la había llevado en brazos, lo que sentía y lo que la amaba y nada de lo que había hecho tenía sentido.
Ver a su hijo emocionado, sentir el contacto con su mujer, su perfume..¿porqué había hecho lo que había hecho?
Así se lo dije a la otra mujer, y ella de un portazo y con lágrimas en los ojos, cerró su historia.
Él corrió a la floristería más cercana a por el ramo más grande de margaritas que hubiera en la tienda.
¡Amaba a su mujer!
Cuando llegó a casa, la encontró muerta en la cama.
Su mujer estaba pasando por los últimos coletazos de un cáncer terminal.
Él no sabía nada.
Por eso ella le había pedido un mes, no quería que su divorcio fuera algo traumático para su hijo.
Ella se sentó y comió callada, triste.
La observó y vio el dolor en sus ojos y sus lágrimas.
De pronto, no sabía como abrir la boca, pero tenía que decirle lo que estaba pensando: ' quiero el divorcio'..
Ella no parecia estar disgustada con sus palabras y suavemente le preguntó ¿porqué?
Él no respondió, esa noche no hablaron más.
Ella solo lloraba.
Él sabía que ella quería saber que era lo que estaba ocurriendo, pero era un cobarde y no quería confesarla que había perdido su amor porque él, ahora amaba a otra mujer...no sabía como decírselo.
Él ya no amaba a su mujer, ahora sólo le daba lástima.
Con un gran sentido de culpabilidad, él escribió un acuerdo de divorcio, en el que la dejaba la mitad de las posesiones, una pensión para el niño y el coche.
Ella lo leyó y lo rompió en mil pedazos, llorando.
Habían pasado 10 años juntos y de pronto, eran como extraños.
No se conocían.
Él sentía lástima, por todo el tiempo perdido, las ganas y las ilusiones.
Pero ya no podía cambiar nada, él ahora amaba a otra mujer.
De pronto ella empezó a llorar y a gritar para desahogarse.
Esto solo hizo que él tuviera aún más clara la idea del divorcio.
Por esto, era por lo que no la quería.
Al día siguiente, él llegó a casa y no cenó,estaba muy cansado de pasar todo el día con la otra mujer.
Ella escribía en la mesa.
Él no se molestó en mirar qué escribía.
Él se despertó a media noche y vio que ella seguía escribiendo.
Cuando se levantó por la mañana, ella le presentó sus condiciones para el divorcio.
Tendría que actuar durante un mes como si nada hubiera pasado jamás entre ellos, como si todo estuviera bien y él jamás le hubiera planteado un acuerdo de divorcio, cada noche tendría que llevarla en brazos del comedor a la habitación, como el día en el que se casaron y sobre todo, no debería decirle nada a su hijo.
A él le pareció una tremenda broma y así se lo contó a la otra mujer, que histérica de lo absurdo que le parecía le animo a seguir las directrices de la aún, todavía, su mujer.
No tenían ningún tipo de contacto desde que él presentó la intención de divorciarse, así que el primer día ambos se sintieron mal con la situación.
Pero su hijo caminaba detrás aplaudiendo, loco de alegría, viendo como su padre cargaba en brazos a su madre.
Ella le susurró al oído que por favor no le dijera nada al niño sobre lo del divorcio..y aunque se sentía mal..así lo hizo.
El segundo día, ambos estaban más relajados, él había olvidado su perfume, y como le acariciaba el cuello...y lo ligera que era.
El tercer día el descubrió lo que estos diez años de convivencia han hecho en ella, se la veía agotada, cansada, con alguna cana, alguna arruga y sobre todo, muy muy delgada.
Ella empezó a arreglarse para que cada día su marido la llevara en brazos.
Pero los vestidos le estaban muy grandes, se había adelgazado mucho.
De pronto, él dejó de tener interés en ver a la otra mujer, porque recordaba lo que había sentido la primera vez que la había llevado en brazos, lo que sentía y lo que la amaba y nada de lo que había hecho tenía sentido.
Ver a su hijo emocionado, sentir el contacto con su mujer, su perfume..¿porqué había hecho lo que había hecho?
Así se lo dije a la otra mujer, y ella de un portazo y con lágrimas en los ojos, cerró su historia.
Él corrió a la floristería más cercana a por el ramo más grande de margaritas que hubiera en la tienda.
¡Amaba a su mujer!
Cuando llegó a casa, la encontró muerta en la cama.
Su mujer estaba pasando por los últimos coletazos de un cáncer terminal.
Él no sabía nada.
Por eso ella le había pedido un mes, no quería que su divorcio fuera algo traumático para su hijo.
'No sabemos lo que tenemos, ni lo valoramos hasta que lo perdemos'
domingo, 2 de enero de 2011
Feliz año nuevo

El móvil se inunda de mensajes.
El buzón de 'email' se llena de postales.
El 'muro' del facebook de felicitaciones.
Y digo yo, queridos amigos...¿dónde estáis el resto del año?
Feliz año nuevo.
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